En el artículo 3 de la nueva LOPDYGD se regula el testamento digital. En la actualidad muchos ciudadanos disponen de perfiles personales en algún servicio digital, ya sea una aplicación o una red social. A partir de ahora, ¿qué sucede con ellos cuando fallecen? La norma establece que «las personas vinculadas» al fallecido «por razones familiares» o de hecho así como sus herederos podrán dirigirse al responsable o encargado del tratamiento al objeto de solicitar el acceso a los datos personales de aquella y, en su caso, su rectificación o supresión.

Eso quiere decir que no solo los herederos de la persona podrán solicitar la consulta de su historial en Internet de sus perfiles en plataformas. En caso de fallecimiento de menores, estas facultades se podrán ejercer también por sus representantes legales. Como excepción, no obstante, se prohíbe el acceso, ni solicitar su rectificación o supresión, cuando la persona fallecida lo hubiese prohibido expresamente. Dicha prohibición no afectará al derecho de los herederos a acceder a los datos de carácter patrimonial del causante. Este último punto controvertido habrá de esperar al correspondiente desarrollo reglamentario y jurisprudencial que del mismo se haga.

La influencia de internet entre nosotros es cada vez mayor y crece de una manera exponencial, hasta el punto de que una parte muy importante de nuestras posesiones y recuerdos están en la Red, o en el disco duro de un ordenador. A esta circunstancia se la denomina huella digital.

Existen empresas de las que adquirimos bienes y servicios o bancos que solo funcionan en la Red, y sólo puedes acceder a ellos mediante cuentas online. Habremos invertido quizás en algún momento bitcoins en un monedero digital. La colección de películas, los juegos de Steam o PlayStation Store, las claves de Microsoft Office y otro contenido de ocio online que has comprado a lo largo de los años, y está asociado a tus cuentas cuya contraseña solo conocemos nosotros. Quizá has comprado espacio en Dropbox, Google Drive y otros almacenes online, y ahí guardas documentos de valor. Tu colección de fotos, vídeos y otro contenido sentimental que has acumulado toda la vida.

Existen innumerables posesiones valiosas que guardamos en Internet o en formato digital, que nos pertenecen y que podemos dejar antes de la muerte o quizás quedar en el limbo digital hasta no sabemos cuando. Y eso es lo que probablemente ocurrirá si fallecemos y no pasamos a alguien las claves y el acceso a ese contenido.